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Derecho internacional en un mundo de conflictos

Actualizado: 2 nov 2023

Hoy en día, las guerras persisten en casi todas las regiones del mundo, dejando un rastro de muerte, desplazamiento y destrucción a su paso. Con decenas de conflictos armados activos, es crucial comprender las normas que deben regirlos en virtud del derecho internacional.

El derecho internacional humanitario (DIH) es un conjunto de normas que busca limitar los efectos de los conflictos armados y proteger a las personas que no participan directamente en las hostilidades, como civiles y prisioneros de guerra. Estas normas, a menudo conocidas como las leyes de la guerra o el derecho de los conflictos armados, son fundamentales para mitigar el sufrimiento humano durante los conflictos. Se basan en principios como la distinción entre combatientes y no combatientes, la prohibición de ataques indiscriminados y el respeto a la dignidad y los derechos humanos.


El DIH también regula la protección de bienes culturales, la asistencia humanitaria y las condiciones de detención. La Convención de Ginebra y sus protocolos adicionales son algunos de los instrumentos legales más importantes en este campo y establecen las obligaciones de las partes en conflicto.


En un mundo donde las guerras siguen siendo una realidad, es vital que los Estados y las partes en conflicto respeten y apliquen estas normas. El incumplimiento del DIH puede llevar a un mayor sufrimiento y a la responsabilidad internacional de los infractores.



Además de las devastadoras consecuencias humanas de los conflictos armados, también debemos considerar su impacto ambiental. Las guerras no solo destruyen vidas y ciudades, sino que también generan una demanda insostenible de recursos naturales.


La construcción y el mantenimiento de fuerzas militares consumen enormes cantidades de recursos, desde metales comunes hasta elementos de tierras raras, agua y combustibles fósiles. El entrenamiento militar requiere una gran cantidad de recursos, y los vehículos, aviones, embarcaciones, edificios e infraestructura militar también necesitan energía, en su mayoría en forma de petróleo. La eficiencia energética en el ámbito militar es a menudo baja, lo que se traduce en emisiones significativas de dióxido de carbono (CO2).


Es alarmante constatar que las emisiones de CO2 de las fuerzas militares más grandes del mundo superan en conjunto las emisiones de muchos países. Aproximadamente el 5.5% de todas las emisiones globales de gases de efecto invernadero se atribuyen a las actividades militares. Sin embargo, la rendición de cuentas en cuanto a estas emisiones ante la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático es deficiente, lo que dificulta la medición precisa y la gestión de este problema ambiental.



Para abordar tanto la persistencia de los conflictos armados como su impacto ambiental, es esencial un enfoque integrado. Esto implica la promoción y el cumplimiento del DIH para reducir el sufrimiento humano en los conflictos y la consideración de la sostenibilidad ambiental en las actividades militares.


Los Estados y las partes en conflicto deben esforzarse por reducir la huella ambiental de sus operaciones militares. Esto puede incluir la adopción de tecnologías más limpias y eficientes desde el punto de vista energético, así como la inversión en métodos de entrenamiento y logística que minimicen el consumo de recursos naturales.


Además, es fundamental mejorar la transparencia y la presentación de informes sobre las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con las actividades militares. Esto permitirá una evaluación precisa de la magnitud del problema y facilitará la implementación de medidas para reducir estas emisiones.


La promoción de la paz y la resolución de conflictos pacíficos son la clave para reducir tanto el sufrimiento humano como el impacto ambiental de las guerras. El derecho internacional y la conciencia sobre el impacto ambiental deben ser herramientas que fomenten un mundo más seguro y sostenible.


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