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La basura espacial: el problema y la solución

¿Qué es la basura espacial, que problemas comporta y cuál es la solución?

Uno de los mayores desafíos que enfrentamos en el camino a un planeta sustentable es el manejo de los residuos. En todo el mundo se avanza en busca de maneras más y más eficientes y sustentables de tratar la cantidad descomunal de basura que producimos cada día, pero hay un tipo de basura que rara vez se tiene en cuenta: la basura espacial.



La basura espacial, también llamada residuo espacial, son todos los objetos de fabricación humana que flotan en el espacio sin ninguna función ni utilidad. Son partes descartadas de misiones espaciales, o desperdicios producidos por las misiones tripuladas, como la de la Estación Espacial Internacional (ISS), que flotan en nuestra órbita terrestre baja, a unos cientos de kilómetros de nuestra superficie planetaria.


En concreto, se trata de todo tipo de objetos, desde satélites discontinuados (ya sea por antigüedad o por una falla técnica) que han sido abandonados en la órbita baja o etapas abandonadas de lanzamientos espaciales, hasta fragmentos microscópicos de pintura descascarada.



La basura espacial: el problema


Similar al tratamiento de cualquier tipo de residuo (terrestre o espacial), la gran pregunta que debemos contestar es: ¿cómo se trata? ¿Qué hacemos con la basura cuando esta empieza a acumularse?


Lo primero es entender por qué es un problema. Según informa la Agencia Espacial Europea (ESA), se estima que hay más de 170 millones de residuos con un diámetro menor a 1 cm, 670.000 residuos de entre 1 cm y 10 cm de diámetro, y unos 29.000 residuos de más de 10 cm de diámetro, flotando en el espacio. Según la NASA, la cantidad de residuo espacial orbitando la Tierra en este año 2022 supera las 9.000 toneladas.


Con el tiempo (la mayoría de las veces, años) los residuos suelen terminar por entrar en nuestra atmosfera y precipitarse a la tierra. Los residuos pequeños, en general, son desintegrados por el calor provocado por la velocidad de la caída. Entonces, ¿cuál es el problema?


Por un lado, no todos los residuos que entran en nuestra atmosfera se desintegran, sino que muchas veces terminan o en algún punto de nuestros océanos, o en tierra. Así pasó a comienzos de mayo del año pasado, cuando una de las etapas de un lanzamiento realizado con éxito por la Agencia Espacial China quedó atrapado en la atmosfera y, durante varios días, no se supo a dónde caería. Con sus 30 metros de largo por 5 de ancho y sus cerca de 22 toneladas de peso, la etapa en cuestión viajaba a unos 25.200 Km/h. Calcular su punto de aterrizaje exacto resulto prácticamente imposible, siendo las posibilidades lugares tan distantes como Chile y Nueva York. Finalmente, y por fortuna, el punto de aterrizaje fue en el Océano Indico, cerca de las Islas Maldivas.


Imagen del cohete chino que cayó en el Océano Indico. Via: Diario AS

Por otro lado, el mayor peligro que suponen los residuos espaciales se relaciona con los satélites activos (actualmente cerca de 3.000) y de las misiones tripuladas, como la de la ISS, ya que estos residuos viajan a una velocidad aproximada de 25.300 K/h.


Así, el impacto de un objeto residual en el espacio puede afectar gravemente, o destruir, a un satélite activo y, más importante, puede poner en grave peligro a las misiones tripuladas. Desde 1999 hasta comienzos del 2021, la ISS ha realizado 29 desplazamientos para evitar impactos inminentes de residuos espaciales, 3 de estos en el 2020.


Aunque en la escala de los problemas que enfrenta nuestro planeta la basura espacial está lejos de ser una prioridad (más por lo acuciante de los demás problemas que por la inocuidad de este), la basura espacial sigue acumulándose año tras año y nada indica que el problema en sí no aumentará en gravedad con el tiempo, sobre todo a medida que se desarrolla la incipiente industria del turismo espacial.




La basura espacial: la solución


La solución consta de dos partes: la primera, reducir todo lo posible el desperdicio espacial; la segunda, eliminar el desperdicio que ya existe.


Ambas partes proponen desafíos tecnológicos extraordinarios para la humanidad. Las misiones espaciales suelen acarrear un porcentaje altísimo de desperdicio, no solo por los recursos que se consumen, sino por las partes que se van descartando en el proceso de poner a los satélites y a las misiones en órbita.


Por otro lado, aún no existe una solución para la eliminación de los residuos espaciales. Actualmente, hay una gran cantidad de estaciones de telemetría láser esparcidas por el mundo que sirven para controlar la ubicación y trayectoria de la basura espacial (una de las últimas construida por la ESA en la isla de Tenerife, España), de forma que el peligro de colisión es muy bajo, pero eso no quita que la basura sigue ahí, acumulándose.


Entre los proyectos que las grandes agencias espaciales del mundo barajan, se destacan algunas ideas que son tecnológicamente alcanzables dentro de un rango de tiempo aceptable, como la misión ClearSpace-1 propuesta por la ESA, que consistirá en un sistema de captura de residuos en la atmosfera baja, y que, según la agencia, comenzará a funcionar en el año 2025.


¡Únete al cambio!

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